Cuenta con mucha alegría que comenzó en este deporte cuando sus padres la llevaron a Guatapé, en el Oriente antioqueño, y se lanzaron desde un puente. “Ahí ellos dijeron: ‘¿por qué no la metemos a un club de clavados?’, y así fue como empecé”, relata.
Además de practicar su deporte, le encanta leer y “hacer muchas aventuras con mis papás”. Los fines de semana sale a trotar y a hacer caminatas con ellos para disfrutar del aire libre y conocer nuevos lugares. Cuando se le pregunta por el estudio, responde con total convicción: “El colegio es lo mejor que me ha pasado en la vida. Me gusta mucho estudiar y ahora veo que leer es parte de mi vida”.
Dice que lo que más le apasiona de los clavados son las alturas y la posibilidad de llegar hasta donde muchas personas no pueden. A pesar de su corta edad, ya tiene claro que quiere llegar muy lejos en el deporte: seguir representando a Antioquia, integrar una selección Colombia y, por qué no, llegar algún día a unos Juegos Olímpicos.